La oficina IV
Tal cual lo imaginaba, mi bruja estaba esperándome en casa, hecha una furia.
—¡Me humillaste delante de tus compañeros! Y eso no te lo perdonaré…
—¡Callate, bruja desubicada y la puta que te parió!...(Pensé contestarle), pero solo le dije:
—Pero mi amorcito. Sólo lo dije para causar impresión entre los muchachos. No te olvides que no son mis compañeros sino mis empleados… Debo mantener cierta imagen…
Me costó un poco hacerla ver la realidad. La terminé de convencer invitándola a comer afuera. Así que preparé la mesa en el patio y nos mandamos unas milanesas a la napolitana que estaban de rechupete.
Al día siguiente llegué a la oficina temprano otra vez. ¿No me estaré enfermando?
Mi secretaria ya había llegado y tenía el café listo. ¡Mmmm! Casi tan rico como el que preparaba Lorena. Me sirvió una taza y la acompañó con un trozo de torta. Yo había desayunado recién, pero soy un goloso de la puta madre, así que me lo clavé de un bocado.
¡Una verdadera exquisitez! Le pregunté donde había comprado la torta y me dijo que la había preparado ella, según una receta de su abuela alemana.
—Me encanta la repostería —me dijo —Todos los fines de semana preparo dos o tres tortas diferentes, que termino regalando a mis vecinos.
La debo haber mirado con ojos de cordero degollado, porque se rió y prometió traerme un trozo todos los días.
Esta vieja me está comprando. Como le expliqué que estaría a prueba durante un mes, seguro que quiere hacer buena letra, sobornando a mi estógamo. Bueno… ha encontrado al candidato adecuado…
A media mañana, yo estaba aburridísimo y me fui a la oficina del Gordo Gómez, nada más que para constatar que por la ventana entraba un sol maravilloso.
Entre el Gordo y Lorena habían redecorado la oficina y habían colgado plantas, pothus y helechos y con la alfombra de color verde estaba maravillosa.
¡Me dio una envidia! Pero una sana envidia, como dice mi suegra, aunque esté amoratada de bronca.
Debo consultar a un arquitecto para ver si puedo abrir una ventana en mi oficina. Una oficina sin ventana es como la celda de una prisión.
Al mediodía viene Ethel, la tesorera, para invitarme a almorzar a su casa. Me disculpo diciéndole que ya invité a lo de Manolo`s a mi nueva secretaria, para que conozca el lugar y para que el gallego le abra una cuenta y ella pague a fin de mes.
Ethel queda convencida y me mira con dulzura y admiración.
Hay que ser muy macho para ir a un lugar público con semejante esperpento. Me dice al oído muy risueña que mi secretaria deje la guadaña en la oficina..
No pude evitar reírme, pero tiene razón. Con su larga pollera y una guadaña en la mano, sería la viva imagen de la Parca.
Vamos a lo de Manolo`s y el gallego me mira asombrado. Sin que mi secretaria se dé cuenta, me señala un cartel que dice que el lugar se reserva el derecho de admisión.
No le doy bolilla y nos sentamos en una mesita, cerca de la ventana.
Un grupo de empleados de Contaduría intercambian miradas cómplices y uno de ellos dice en voz alta:
—¡Estamos comiendo!
(Esto se acostumbra a decir siempre que alguien dice cosas desagradables en la mesa)
Me hago el distraído, pero esta misma tarde los despediré a todos.
Al gallego lo agarré y le dije que otra broma respecto a Frida, mi secretaria y no vendrá nadie de la empresa a comer acá.
El gallego no sabe si hablo en serio y opta por pedir disculpas.
Busco los legajos de los cuatro empleados de Contaduría y los estudio.
Veo que son cuatro infelices, que entraron por mérito propio y no recomendados por nadie. Así que me voy a Contaduría y le digo a Ethel que me mande a los cuatro bromistas a mi oficina en media hora.
—¿Qué pasa Edy? — me pregunta alarmada cuando le doy los cuatro nombres.
—Voy a despedir a esos canallas —le digo — El motivo se los puedes preguntar a ellos.
En seguida lo busco al Gordo Gómez y le cuento lo sucedido.
—Mi querido tío no me perdonaría jamás si estos miserables siguieran un día más en la empresa —le aseguro muy serio —Se han burlado en un lugar público de una compañera por su…falta de belleza. No les ha importado que estuviera acompañada por mí.
—¡Pero, Edy. Me parece mucho castigo! —balbuceó el Gordo
Lorena escuchaba en silencio con los ojos muy abiertos. Pero, mujer al fin, me dio la razón.
—Claro, hoy insultan a la empleada nueva y mañana será a mí o a otra mujer de la oficina…
—¡Bueno Gómez, basta de sensiblerías! Despídalos ya mismo, bajo mi responsabilidad. Yo aclararé las cosas con mi tío…
—Es que tengo miedo por los del Sindicato —musitó el Gordo.
Ahí intervino Lorena:
—No van a decir nada porque el señor Edy, les envió un cheque para Navidad. Yo lo sé porque yo misma lo hice y lo envié…
El Gordo compungido aceptó. Ya veo que este Gordo no sirve para Jefe de Relaciones Laborales. Así se lo dije.
—…y creo además que la señorita Lorena estaría mejor que Ud., Gómez defendiendo los intereses de la empresa. Me parece que este puesto le queda un poco grande…
El Gordo objetó que esos muchachos eran hasta hace tres meses, compañeros suyos y que era nuevo en este puesto y nunca había despedido a nadie.
Lo fulminé con la mirada y me fui a mi oficina.
Frida no se había dado cuenta de nada y muy amablemente me sirvió un rico café.
—Llame a los de Seguridad, Frida, que vengan —le ordené
Llegaron los dos ursos que también me deben el empleo y le dije a Frida que les sirviera café
Nunca se sabe como reaccionará un empleado despedido y estos eran cuatro y bastante maleducados.
Nunca está de más, prevenir.
Cont.
sábado, 30 de abril de 2011
jueves, 28 de abril de 2011
La oficina III
La oficina III
8.45 hs.
Otra vez llegué temprano. Cuando venga el Gordo le voy a poner una cara de perro que no le van a quedar ganas de llegar tarde.
Al llegar al 4º piso, siento un aroma a café que se me hace agua la boca. Sale de la oficina contigua a la mía. ¡Mierda! Es la oficina del Gordo La puerta está abierta y lo veo junto con Lorena, bebiendo café con fruición. El maldito Gordo tiene una taza en la mano y levanta el dedo meñique, el muy maldito.
—¡Hola, Edy! Pase a tomar un cafecito. Está recién hecho —me invita
—Bueno, acepto. Recuerdo que Lorena lo preparaba muy rico…
—¡Qué lástima, Sr. Edy que no tenga crema! Yo sé que a Ud. le gusta con crema…—me dice Lorena muy amable.
La verdad sea dicha. Lorena prepara un café como los dioses, si es que los dioses tomaban café entre trago y trago de Icor. Icor era el elixir de los dioses, según el crucigrama .
—¿Cuándo empieza la secretaria nueva? —me pregunta Lorena
—Hoy lo hará. Espero que ustedes se lleven bien —le contesto.
A las 9 menos 1 minuto llegó Frida, mi nueva secretaria. Le expliqué someramente el trabajo, poniéndo énfasis en las cosas importantes, como preparar un buen café, etc.
Me siento en mi escritorio y me pongo a leer el curriculum que me entregó ayer Frida.
Tiene 55 pirulos, es de Tauro y ha estado solamente en tres trabajos en toda su vida. Conducta ejemplar. Es divorciada sin hijos. También está su foto. ¡Puajjj! Es fea de verdad la pobre.
A la 11 y media me vino a visitar mi mujer. Como anoche le comenté que hoy comenzaba a trabajar mi nueva secretaria, me dice que la quería conocer. Cuando la vió a Frida su rostro se iluminó con una sonrisa.
Menos mal que la elegí a la bruja. Tiene razón mi tío cuando dice que donde se trabaja no se c…
Acompaño a mi mujer hasta la salida, donde estaban varios empleados listos para marcar sus tarjetas de egreso, que cuando vieron a mi mujer apenas disimularon una sonrisa. ¡Claro! Si parezco un marido dominado… Así que para quedar bien la agarro del brazo y le digo con voz grave (como cuando canto Garúa):
—¡Qué sea la última vez que me venís a pedir plata a la oficina!
Mi mujer me miró con bronca, pero se las aguantó y me miró como diciéndome: ¡Ya vamos a arreglar esto en casa!...
¡Mirá como tiemblo!
Cont.
8.45 hs.
Otra vez llegué temprano. Cuando venga el Gordo le voy a poner una cara de perro que no le van a quedar ganas de llegar tarde.
Al llegar al 4º piso, siento un aroma a café que se me hace agua la boca. Sale de la oficina contigua a la mía. ¡Mierda! Es la oficina del Gordo La puerta está abierta y lo veo junto con Lorena, bebiendo café con fruición. El maldito Gordo tiene una taza en la mano y levanta el dedo meñique, el muy maldito.
—¡Hola, Edy! Pase a tomar un cafecito. Está recién hecho —me invita
—Bueno, acepto. Recuerdo que Lorena lo preparaba muy rico…
—¡Qué lástima, Sr. Edy que no tenga crema! Yo sé que a Ud. le gusta con crema…—me dice Lorena muy amable.
La verdad sea dicha. Lorena prepara un café como los dioses, si es que los dioses tomaban café entre trago y trago de Icor. Icor era el elixir de los dioses, según el crucigrama .
—¿Cuándo empieza la secretaria nueva? —me pregunta Lorena
—Hoy lo hará. Espero que ustedes se lleven bien —le contesto.
A las 9 menos 1 minuto llegó Frida, mi nueva secretaria. Le expliqué someramente el trabajo, poniéndo énfasis en las cosas importantes, como preparar un buen café, etc.
Me siento en mi escritorio y me pongo a leer el curriculum que me entregó ayer Frida.
Tiene 55 pirulos, es de Tauro y ha estado solamente en tres trabajos en toda su vida. Conducta ejemplar. Es divorciada sin hijos. También está su foto. ¡Puajjj! Es fea de verdad la pobre.
A la 11 y media me vino a visitar mi mujer. Como anoche le comenté que hoy comenzaba a trabajar mi nueva secretaria, me dice que la quería conocer. Cuando la vió a Frida su rostro se iluminó con una sonrisa.
Menos mal que la elegí a la bruja. Tiene razón mi tío cuando dice que donde se trabaja no se c…
Acompaño a mi mujer hasta la salida, donde estaban varios empleados listos para marcar sus tarjetas de egreso, que cuando vieron a mi mujer apenas disimularon una sonrisa. ¡Claro! Si parezco un marido dominado… Así que para quedar bien la agarro del brazo y le digo con voz grave (como cuando canto Garúa):
—¡Qué sea la última vez que me venís a pedir plata a la oficina!
Mi mujer me miró con bronca, pero se las aguantó y me miró como diciéndome: ¡Ya vamos a arreglar esto en casa!...
¡Mirá como tiemblo!
Cont.
miércoles, 27 de abril de 2011
La oficina II
La oficina II
Ayer el día pasó sin mayores novedades. Fui a comer algo rápido en lo de Manolo”s. Almorcé livianito. Un emparedado de bondiola, tres empanadas de carne y dos de pollo, una cervecita y dos porciones de budín de pan con mucho caramelo y un poco de crema chantilly. Este budín de pan es famoso en toda la zona, porque el gallego lo hace espléndido.
No debo comer comida chatarra dice mi médico, así que me abstengo de comer hamburguesas, salchichas o papas fritas.. Me permito comer bondiola porque es la carne más flaca del cerdo. Casi no tiene grasa y es muy sabrosa.
También vinieron a comer algo, el Gordo Gómez y Lorena. Hacen como que no me ven y se sientan detrás de una palmera artificial.
Cuando estoy por pedir un café aparece Ethel la Tesorera. Se me acerca toda mimosa y me pregunta porqué no fui a la casa de ella a comer, como lo hacía antes de irme de vacaciones.
—No quise causarte molestias y además sé que estás de novia con el cadete. Jamás se me ocurriría interferir…
—No seas celoso, tontito. Este muchacho es sólo un pasatiempo. Me atrajo su juventud, paro ya me hartó. Es un bobalicón…
¡Qué Ethel loquita! Lo que no sabe es que ya se me pasó la crisis de satiriasis y seguramente descansaré unos cuantos meses. Ella me ayudó mucho en mi enfermedad y le estoy agradecido…pero nada más.
Así que le aclaro, sin ofenderla, que estoy haciendo buena letra porque de lo contrario, mi tío me va a dar el raje si se entera de algún desliz mío. Y no quise decirle la amenaza de mi mujer. Porque se asustaría si se entera que mi mujer amenazó con castrarme a la primera falta.
Es por eso que andaré un poco reprimido con las señoritas, por pulposas que sean.
A propósito, esta tarde seguramente vendrán algunas chicas por el aviso para secretaria. Trataré de ser ecuánime y justo y elegiré a la mejor, no a la más linda. Lo prometo.
El Gordo Gómez se trasladó a una oficina contigua a esta. La hizo limpiar bien y resulta que tiene una hermosa ventana. ¡Qué boludo que fui! Tendría que haber tomado esa oficina y abrirle una puerta a mi baño privado. Tener una ventana en la oficina es lo máximo. Porque hay que pasar las horas laborales entre cuatro paredes, siempre bajo la maldita luz blanca de los tubos.
15 horas.
Vinieron cuatro señoritas por el puesto de secretaria. Una más pulposa y linda que la otra. ¡Ahh! También vino una vieja, seca como un palo. Tiene mucha experiencia me dice y escribe cerca de mococientas palabras por minuto. Sabe inglés, francés, italiano y ¡ruso! ¡Sí! La muy guacha sabe ruso. Le pregunto burlón si también sabe alemán y me contesta que sí. Que es su lengua natal. Nació en Alemania, la puta que la parió.
Aunque mi otro yo me dice que no la contrate, mi segundo otro yo (porque tengo dos) me dice que si elijo a una de las pulpositas, voy a terminar cantando con voz aflautada el tango “Garúa” que canto muy bien con voz grave y varonil.
Así que la contrato y la pobre vieja no lo podía creer.
Al ver a sus competidoras, ya se había resignado a no conseguir el puesto.
Es que hay cada tipejo en este mundo, que se fijan solamente en el aspecto físico de las candidatas, creyendo tener un levante asegurado.
Por fortuna yo soy un tipo serio y no discrimino a nadie. Aunque muchos envidiosos digan lo contrario.
Cont.
Ayer el día pasó sin mayores novedades. Fui a comer algo rápido en lo de Manolo”s. Almorcé livianito. Un emparedado de bondiola, tres empanadas de carne y dos de pollo, una cervecita y dos porciones de budín de pan con mucho caramelo y un poco de crema chantilly. Este budín de pan es famoso en toda la zona, porque el gallego lo hace espléndido.
No debo comer comida chatarra dice mi médico, así que me abstengo de comer hamburguesas, salchichas o papas fritas.. Me permito comer bondiola porque es la carne más flaca del cerdo. Casi no tiene grasa y es muy sabrosa.
También vinieron a comer algo, el Gordo Gómez y Lorena. Hacen como que no me ven y se sientan detrás de una palmera artificial.
Cuando estoy por pedir un café aparece Ethel la Tesorera. Se me acerca toda mimosa y me pregunta porqué no fui a la casa de ella a comer, como lo hacía antes de irme de vacaciones.
—No quise causarte molestias y además sé que estás de novia con el cadete. Jamás se me ocurriría interferir…
—No seas celoso, tontito. Este muchacho es sólo un pasatiempo. Me atrajo su juventud, paro ya me hartó. Es un bobalicón…
¡Qué Ethel loquita! Lo que no sabe es que ya se me pasó la crisis de satiriasis y seguramente descansaré unos cuantos meses. Ella me ayudó mucho en mi enfermedad y le estoy agradecido…pero nada más.
Así que le aclaro, sin ofenderla, que estoy haciendo buena letra porque de lo contrario, mi tío me va a dar el raje si se entera de algún desliz mío. Y no quise decirle la amenaza de mi mujer. Porque se asustaría si se entera que mi mujer amenazó con castrarme a la primera falta.
Es por eso que andaré un poco reprimido con las señoritas, por pulposas que sean.
A propósito, esta tarde seguramente vendrán algunas chicas por el aviso para secretaria. Trataré de ser ecuánime y justo y elegiré a la mejor, no a la más linda. Lo prometo.
El Gordo Gómez se trasladó a una oficina contigua a esta. La hizo limpiar bien y resulta que tiene una hermosa ventana. ¡Qué boludo que fui! Tendría que haber tomado esa oficina y abrirle una puerta a mi baño privado. Tener una ventana en la oficina es lo máximo. Porque hay que pasar las horas laborales entre cuatro paredes, siempre bajo la maldita luz blanca de los tubos.
15 horas.
Vinieron cuatro señoritas por el puesto de secretaria. Una más pulposa y linda que la otra. ¡Ahh! También vino una vieja, seca como un palo. Tiene mucha experiencia me dice y escribe cerca de mococientas palabras por minuto. Sabe inglés, francés, italiano y ¡ruso! ¡Sí! La muy guacha sabe ruso. Le pregunto burlón si también sabe alemán y me contesta que sí. Que es su lengua natal. Nació en Alemania, la puta que la parió.
Aunque mi otro yo me dice que no la contrate, mi segundo otro yo (porque tengo dos) me dice que si elijo a una de las pulpositas, voy a terminar cantando con voz aflautada el tango “Garúa” que canto muy bien con voz grave y varonil.
Así que la contrato y la pobre vieja no lo podía creer.
Al ver a sus competidoras, ya se había resignado a no conseguir el puesto.
Es que hay cada tipejo en este mundo, que se fijan solamente en el aspecto físico de las candidatas, creyendo tener un levante asegurado.
Por fortuna yo soy un tipo serio y no discrimino a nadie. Aunque muchos envidiosos digan lo contrario.
Cont.
viernes, 22 de abril de 2011
La oficina
La oficina.
Resumen de lo publicado hace mucho:
Soy el Jefe de Relaciones Laborales de una pequeña empresa. La empresa es propiedad de mi tío.
Soy un trabajador abnegado y fiel.
Sufro una terrible enfermedad llamada Satiriasis. Consiste el estado de excitación morbosa de los órganos genitales masculinos, que impulsa al individuo a la consumación frecuente del acto venéreo. ( Esto, al menos, es lo que dice el Diccionario Enciclopédico Sopena, tomo V, pág. 199).
Por motivos que no vienen al caso, estuve de vacaciones forzadas hasta hoy, que deberé presentarme a trabajar como asesor del nuevo Jefe de Relaciones Laborales, que es mi buen amigo Gómez, el Gordo.
Este título de asesor me pone en un aprieto. No sé si yo lo debo mandar al Gordo o es él quien me dará las órdenes a mí. No importa. En el camino se arregla la estiba, decía un amigo camionero y así no más debe ser, porque este amigo ya no maneja camiones, se hizo sindicalista y ahora tiene ganas de ser Vicepresidente del país.
Mi querido y respetado tío se está por casar con Lola, que es una chica que le presenté yo.
No conozco al nuevo Gerente. Sólo sé que se llama Daniel Joison.
Espero que no sea pariente de la Delia.
Mi secretaria, ¡bah! mi ex secretaria Lorena, ahora es la novia secretaria del Gordo Gómez. Dicen que se van a casar.
Ethel, la Tesorera está viviendo con el cadete de Contaduría al que le lleva treinta años.
Terminados los chismes, paso a mi primer día de trabajo, después de mis vacaciones.
Lunes, 8.45 hs. AM
Me reciben con grandes muestras de alegría. Trato de subir al ascensor, pero ya está lleno y nadie se comide a dejarme su lugar. No importa. Para el próximo viaje seré el primero en la fila. No hay nadie en la oficina de Relaciones Laborales. Me siento a esperar.
9.30 AM.
Llega el Gordo Gómez de la mano de Lorena. Me saluda secamente con un apretón de manos, bastante falso. Lorena me da un beso en la mejilla, pero la noto distante.
El Gordo me dice:
—Edy, tendrá que pedir a Mantenimiento que le pongan un escritorio en alguna parte… Quizá en el primer sub-suelo…
—Lo lamento, Gómez. Soy el Asesor de la Empresa. Me reporto exclusivamente con el Presidente de la Compañía, mi señor tío. Me quedaré en esta oficina que yo remodelé e incluso le hice construir un baño con puerta blindada, que costeé de mi bolsillo. Así que ya puede ir buscándose otra oficina para Ud. y la secretaria de Relaciones Laborales. A propósito, señorita Lorena. Publique un aviso pidiendo secretaria para mí. Luego que lo haga, busque, por favor, en el Reglamento del Personal, el artículo que dice que los empleados se abstendrán de tener relaciones personales con otros empleados y que no pueden trabajar familiares en la Empresa.
Lorena asintió enrojeciendo. El Gordo Gómez se puso verde de furia, pero se tuvo que contener. Yo estaba seguro que correría a llamar por teléfono a mi tío, pero se iba a llevar una sorpresa. Mi tío se fue de vacaciones al Brasil sin dejar ninguna dirección. Así que el Gordo maldito, por ahora tendrá que obedecer.
¡Yo le voy a enseñar quien soy!! No es que me agrade hacer líos, pero lo justo es lo justo.
Y yo tengo mi lugar ganado hace muchos años en la empresa.
¿Qué se creyó?
Cont.
Resumen de lo publicado hace mucho:
Soy el Jefe de Relaciones Laborales de una pequeña empresa. La empresa es propiedad de mi tío.
Soy un trabajador abnegado y fiel.
Sufro una terrible enfermedad llamada Satiriasis. Consiste el estado de excitación morbosa de los órganos genitales masculinos, que impulsa al individuo a la consumación frecuente del acto venéreo. ( Esto, al menos, es lo que dice el Diccionario Enciclopédico Sopena, tomo V, pág. 199).
Por motivos que no vienen al caso, estuve de vacaciones forzadas hasta hoy, que deberé presentarme a trabajar como asesor del nuevo Jefe de Relaciones Laborales, que es mi buen amigo Gómez, el Gordo.
Este título de asesor me pone en un aprieto. No sé si yo lo debo mandar al Gordo o es él quien me dará las órdenes a mí. No importa. En el camino se arregla la estiba, decía un amigo camionero y así no más debe ser, porque este amigo ya no maneja camiones, se hizo sindicalista y ahora tiene ganas de ser Vicepresidente del país.
Mi querido y respetado tío se está por casar con Lola, que es una chica que le presenté yo.
No conozco al nuevo Gerente. Sólo sé que se llama Daniel Joison.
Espero que no sea pariente de la Delia.
Mi secretaria, ¡bah! mi ex secretaria Lorena, ahora es la novia secretaria del Gordo Gómez. Dicen que se van a casar.
Ethel, la Tesorera está viviendo con el cadete de Contaduría al que le lleva treinta años.
Terminados los chismes, paso a mi primer día de trabajo, después de mis vacaciones.
Lunes, 8.45 hs. AM
Me reciben con grandes muestras de alegría. Trato de subir al ascensor, pero ya está lleno y nadie se comide a dejarme su lugar. No importa. Para el próximo viaje seré el primero en la fila. No hay nadie en la oficina de Relaciones Laborales. Me siento a esperar.
9.30 AM.
Llega el Gordo Gómez de la mano de Lorena. Me saluda secamente con un apretón de manos, bastante falso. Lorena me da un beso en la mejilla, pero la noto distante.
El Gordo me dice:
—Edy, tendrá que pedir a Mantenimiento que le pongan un escritorio en alguna parte… Quizá en el primer sub-suelo…
—Lo lamento, Gómez. Soy el Asesor de la Empresa. Me reporto exclusivamente con el Presidente de la Compañía, mi señor tío. Me quedaré en esta oficina que yo remodelé e incluso le hice construir un baño con puerta blindada, que costeé de mi bolsillo. Así que ya puede ir buscándose otra oficina para Ud. y la secretaria de Relaciones Laborales. A propósito, señorita Lorena. Publique un aviso pidiendo secretaria para mí. Luego que lo haga, busque, por favor, en el Reglamento del Personal, el artículo que dice que los empleados se abstendrán de tener relaciones personales con otros empleados y que no pueden trabajar familiares en la Empresa.
Lorena asintió enrojeciendo. El Gordo Gómez se puso verde de furia, pero se tuvo que contener. Yo estaba seguro que correría a llamar por teléfono a mi tío, pero se iba a llevar una sorpresa. Mi tío se fue de vacaciones al Brasil sin dejar ninguna dirección. Así que el Gordo maldito, por ahora tendrá que obedecer.
¡Yo le voy a enseñar quien soy!! No es que me agrade hacer líos, pero lo justo es lo justo.
Y yo tengo mi lugar ganado hace muchos años en la empresa.
¿Qué se creyó?
Cont.
lunes, 8 de noviembre de 2010
Mis personajes

Cuento tras cuento, historia tras historia, van naciendo nuevos
personajes. A algunos los amo, a otros solamente los soporto,
porque los necesito para armar el cuento y a otros los detesto
y trato de eliminarlos, lo antes posible. No soy como otros que
escriben y quieren a sus personajes como si en realidad los
hubieran parido. La gran mayoría de los escritores quieren a
sus creaciones como verdaderos hijos y capítulo tras capítulo
los van puliendo, mejorando, dándoles una personalidad bien
marcada.
A veces leo una novela y en el capítulo final, los personajes
han cambiado substancialmente de lo que eran en un
comienzo, a lo que son al terminar.
Creo que eso está bien en una telenovela, en un culebrón, en
que el guión lo van haciendo a la medida de las preferencias
del televidente. Así tenemos por ejemplo, en que no vacilan en
matar a un personaje en un accidente, mostrando el velorio y
el entierro y a los pocos días hacerlo resucitar como si tal
cosa, aduciendo que llegó de un largo viaje. En verdad ¡hay
público para todo!
Una amiga me ha dicho que yo me enamoro de los personajes
femeninos que yo mismo invento. Puede ser que tenga razón,
ya que creo a esas mujeres a mi gusto, como yo quisiera que
fueran, aunque jamás haya tenido la suerte que la mujer que
idealizo, me quiera..
Entonces escribo creándola a mi manera; Que sea mexicana,
por el acento cadencioso al hablar, que tenga 25 años porque
es la edad en que la mujer deja de ser una niña y se hace
hembra de verdad, que sea educada, si es profesional, mejor.
Que le guste la música clásica como me gusta a mí. Que
también tenga algún defecto, por ejemplo, que le guste Fito
Paez. Que le agrade leer y si le gusta escribir, lo haga con el
corazón. Que sea media loquita ,como yo, que en cualquier
momento agarre sus maletas y salgamos de viaje a cualquier
parte, que esté dispuesta a pernoctar esta noche en una
tienda de tuaregs, en algún oasis y mañana estar haciendo la
fila para que nos dé la bendición el Papa y apurándonos para
el vuelo a Inglaterra, a ver el cambio de guardia y al atardecer
estar en Irlanda, tomado cerveza negra a temperatura
ambiente en algún Pub, de donde nos sacarán a empujones
por pendencieros y ella me enjugará la sangre de la nariz, que
casi me rompe ese gigante irlandés al que ella le dio una
patada en los cojones.
Tener una compañera así, es sólo un sueño, pero sigo
buscándola. Mientras tanto me conformo con sacarla de mi
imaginación y plasmarla en un cuento y porqué nó,
enamorarme de ella.
Con los personajes masculinos, soy diferente. Siempre tengo
un preferido al que permanentemente pongo en confrontación
con los otros. Son enamoradizos, románticos, queribles y los
malos son malos de verdad. Sin atenuantes. Cuando iba al
sicólogo, este me decía luego de leer algún cuento mío que yo
tenía demasiado definidos el bien y el mal, sin términos
medios y que en la vida real la situación era completamente
diferente. El bien y el mal intrínsicamente puros, no existen y
vivimos en una ambivalencia que solo nosotros debemos
definir, de acuerdo a nuestra conciencia. Por eso, lo que a mí
en este momento me parece bien, a otra persona en la misma
circunstancia le parece terrible. Prefiero hacer a mis
personajes lineales, sin cambios ostensibles. El que es bueno,
seguirá siendo bueno, sin convertirlo en esos personajes
retorcidos que no terminan de convencer a nadie.
Mis personajes aman, odian, sufren y se alegran de acuerdo a
mi propio estado de ánimo. Jamás borro nada. Creo que es lo
mejor.
7
jueves, 4 de noviembre de 2010
¿Qué busco?

¿Qué busco?
No lo sé todavía. Salí a la calle enloquecido. Un río de autos amarillos me rodeó. Sus bocinas me ensordecieron y no me dejaban pensar. A lo lejos, nítidamente se escuchaba una sirena. ¿Vendrían por mí? ¿Qué mal les he hecho para que me encierren en una casa de locos? ¿Qué culpa tengo que los fantasmas se metan en mi mente? Yo no elegí ser así. Debo buscar algo. Algo que me dé la solución a mis males. Algo que haga que ya nadie me mire con temor o con odio. He logrado escapar de mis carceleros. No sé por cuanto tiempo. Solo visto un pijamas azul y estoy descalzo. Nadie me ofrece su ayuda. Y lo peor de todo es que no sé lo que busco ni donde encontrarlo. Me esconderé en esa plaza hasta que anochezca y pueda caminar sin que noten mi presencia. Un hombre con unos perros avanza hacia mí, pero los perros me miran, con sonrisas cómplices y sé que nada debo temer de ellos. Un verdadero río de luces imaginan los autos. Las sombras no han llegado todavía a mi mente. Hace tres días que no tomo la medicación. Los he engañado y por eso han descuidado la puerta.
Pero, ¿qué es lo que busco? Anochece. Dejo la seguridad de la plaza y bajo hacia el río. Pocos me miran. Cada uno está ensimismado en sus cosas y yo necesito tanto la ayuda de alguien Por lo menos si alguien me hablara, me preguntara si tengo hambre, si tengo sed, si tengo familia. Junto al río varios hombres andrajosos están junto a un barril de metal, donde han hecho un fuego. Me miran con curiosidad cuando me acerco, pero siguen impasibles.
De pronto veo el río. El río que tanto he amado. Comprendo de súbito, quien soy. Soy un marinero de río, que navegaba en las enormes barcazas trayendo arena de la costa del Uruguay. Me regreso donde los hombres se calientan las manos y les pregunto la fecha de hoy. ¡Que amargura! Han pasado siete años, desde mi último recuerdo. Pero al fin lo encontré. Lo que buscaba era el rio. Mi río. Donde debo descansar antes que las sombras invadan mi mente otra vez. Me duele la cabeza, señal que los demonios se acercan. Corro hacia la orilla y mi viejo amigo, el río, me recibe abriendo sus brazos en un abrazo eterno.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Pobre mi sicólogo 3
Pobre mi sicólogo 3
Debe parecer un accidente…debe parecer un accidente… De pronto me sorprendí mascullando estas palabras. ¿Qué me pasa? ¿Tendrá razón mi hermana y estaré volviéndome loco? ¿Porqué este odio repentino contra el pobrecito Andrés?
A ver, revisemos los acontecimientos. Andrés me dijo que seguía soltero y virgen, pero no me dijo que estaba saliendo con Erika, lo que hace imposible que siga virgen. O sea, me mintió. Me engañó miserablemente seguro que para reírse de mí. O quizás no me comentó lo de Erika para que yo no me sintiera mal. Entonces es un buen muchacho.
Ya no sé qué pensar. ¿Será un hijo de puta o un excelente amigo?
¿Me vengaré o no?
Creo que la mejor solución sería que yo reconquistara a Erika, pero ya pasaron varios años desde lo nuestro y posiblemente no me dé ni cinco de bola. Además estoy viejo, panzón y pelado y ella parece estar más joven que nunca. Estoy seguro que mi maldito corazón me traicionaría y terminaría enamorado de ella, como un boludo.
¿Qué hago?... la reputa que me parió.
Olvide, amigo, dirán algunos, pero olvidarla nunca podré… ¡mierda! Me olvidé hasta de la letra del tango… Estoy hecho una piltrafa humana.
Ni lástima podría provocarle. Porque recuerdo que escribí un libro sobre como conquistar a las mujeres y uno de los capítulos estaba dedicado a como inspirar lástima (un poquito, no mucha) y ganarse a las minas de espíritu maternal. Pero hasta de eso me olvidé.
¿Será que me está atacando el alemán maldito ese? ¿Cómo carajo se llamaba? Alfiezer, Algieser, Alfinfi, algo así era…
Esto me hizo recordar un pensamiento de Federico Nietzche:
Hubo dioses que querían la desgracia,
otros que preservaban de la desgracia y
otros que consolaban a los desgraciados.
Si me puede acordar de una frase de Nietzche que leí hace mococientos años, no puedo estar atacado por el maldito alemán. Porque dicen que lo primero que ataca es a la memoria. Y yo me recuerdo desde que era bebé y me caí del catre. Debo haber tenido uno o dos años y ¡todavía me acuerdo!
Todos estos locos pensamientos me los provoca mi reciente encuentro con Erika. Tengo ganas de escribirle una carta:
Erika: Me has revuelto sentimientos olvidados, que llevaban mucho tiempo ocultos, junto a la tierra que un día usé para sepultar viejos amores.
Algunos mitos suelen ser verdad. Dicen que besarse bajo la luna llena, promete amor eterno. ¿Recuerdas cómo nos besamos esa noche, junto al río? ¿O cuando corríamos por los andenes vacíos, al postrer tren que te llevaría a tu casa y lo perdimos?
No podemos permitir que de nuestro amor, solo queden cenizas que alimentarán al viento con nuestros recuerdos…
¡A la flauta! Todavía me queda hilo en el carretel. No estoy loco ni enfermo, a pesar que estar mal, estar un poco enfermo me es más llevadero que estar demasiado bien.
¿Qué hago? Si continúo yendo al sicólogo, los celos me matarán y terminaré peor…¿Peor que quién? Si yo estoy sano, mi corazón está libre… no tengo nada que temer… pero de cualquier manera, creo que cambiaré de sicólogo. Será por mi bien.
Debe parecer un accidente…debe parecer un accidente… De pronto me sorprendí mascullando estas palabras. ¿Qué me pasa? ¿Tendrá razón mi hermana y estaré volviéndome loco? ¿Porqué este odio repentino contra el pobrecito Andrés?
A ver, revisemos los acontecimientos. Andrés me dijo que seguía soltero y virgen, pero no me dijo que estaba saliendo con Erika, lo que hace imposible que siga virgen. O sea, me mintió. Me engañó miserablemente seguro que para reírse de mí. O quizás no me comentó lo de Erika para que yo no me sintiera mal. Entonces es un buen muchacho.
Ya no sé qué pensar. ¿Será un hijo de puta o un excelente amigo?
¿Me vengaré o no?
Creo que la mejor solución sería que yo reconquistara a Erika, pero ya pasaron varios años desde lo nuestro y posiblemente no me dé ni cinco de bola. Además estoy viejo, panzón y pelado y ella parece estar más joven que nunca. Estoy seguro que mi maldito corazón me traicionaría y terminaría enamorado de ella, como un boludo.
¿Qué hago?... la reputa que me parió.
Olvide, amigo, dirán algunos, pero olvidarla nunca podré… ¡mierda! Me olvidé hasta de la letra del tango… Estoy hecho una piltrafa humana.
Ni lástima podría provocarle. Porque recuerdo que escribí un libro sobre como conquistar a las mujeres y uno de los capítulos estaba dedicado a como inspirar lástima (un poquito, no mucha) y ganarse a las minas de espíritu maternal. Pero hasta de eso me olvidé.
¿Será que me está atacando el alemán maldito ese? ¿Cómo carajo se llamaba? Alfiezer, Algieser, Alfinfi, algo así era…
Esto me hizo recordar un pensamiento de Federico Nietzche:
Hubo dioses que querían la desgracia,
otros que preservaban de la desgracia y
otros que consolaban a los desgraciados.
Si me puede acordar de una frase de Nietzche que leí hace mococientos años, no puedo estar atacado por el maldito alemán. Porque dicen que lo primero que ataca es a la memoria. Y yo me recuerdo desde que era bebé y me caí del catre. Debo haber tenido uno o dos años y ¡todavía me acuerdo!
Todos estos locos pensamientos me los provoca mi reciente encuentro con Erika. Tengo ganas de escribirle una carta:
Erika: Me has revuelto sentimientos olvidados, que llevaban mucho tiempo ocultos, junto a la tierra que un día usé para sepultar viejos amores.
Algunos mitos suelen ser verdad. Dicen que besarse bajo la luna llena, promete amor eterno. ¿Recuerdas cómo nos besamos esa noche, junto al río? ¿O cuando corríamos por los andenes vacíos, al postrer tren que te llevaría a tu casa y lo perdimos?
No podemos permitir que de nuestro amor, solo queden cenizas que alimentarán al viento con nuestros recuerdos…
¡A la flauta! Todavía me queda hilo en el carretel. No estoy loco ni enfermo, a pesar que estar mal, estar un poco enfermo me es más llevadero que estar demasiado bien.
¿Qué hago? Si continúo yendo al sicólogo, los celos me matarán y terminaré peor…¿Peor que quién? Si yo estoy sano, mi corazón está libre… no tengo nada que temer… pero de cualquier manera, creo que cambiaré de sicólogo. Será por mi bien.
martes, 2 de noviembre de 2010
Pobre mi sicólogo 2
Pobre mi sicólogo.
—Mirá, Andrés. La vamos a hacer corta. Mi hermana quiere que te vea porque me ve medio apático para comer y dice que hablo en sueños.
—Si eso es todo, creo que la deberíamos tratar a ella también. Les puedo hacer un precio por los dos, pero jajaja si traes a tu tío no les cobro nada, jajajajaja. Hasta soy capaz de pagarte yo, unos buenos pesos jajajajaja...
—Eres un maldito, Andrés, pero veo que no te miras al espejo nunca. ¿Ya debutaste sexualmente? O te rendiste y ahora sos un putillo de diploma y todo...
Me miró serio y puso la cara de “dar pena” que usa Nicolás Cage. La verdad es que le sale bién, pero yo que lo conozco, no me dejo engañar.
—Edy, a vos no te puedo mentir. Tengo 35 años y aún no me he acostado con ninguna mujer. Soy un hombre virgen, aunque no quisiera serlo...pero es mi destino...
—¿Entonces eres homosexual, la reputa que te parió?
—No lo creo. Me atraen demasiado las mujeres. Solo que no se me dá. ¿Qué puedo hacer?
—Escuchame, pelafustán. Yo soy el paciente y el que garpa, pero vos me pedís ayuda a mí. El sicólogo sos vos, no yo.
Andrés miró la hora en su reloj. Se veía algo nervioso, pero me quedaban veinte minutos ...
—Edy, dejame actualizar tu ficha y recordar algo de lo anterior tuyo. Comenzaremos el próximo Lunes y después vendrás también los Jueves. Andate ahora y portate bién. Saludos a tu hermanita Rita.
Me acompañó rapidito a la puerta y llamó al ascensor.
—Te espero el Lunes. No falles.
Me extrañó un poco el apuro en despedirme, pero no le dí mayor importancia. Mientras bajaba en el ascensor pensaba en como ayudarlo a conocer a una buena chica. Cuando llegué a la Planta Baja, estaban varias personas esperando para subir. Entre ellas había una figura conocida y muy querida. —!Erika! . Abrió los ojos grandes cuando me vió y se ruborizó: —¡Edy!
La besé en la mejilla y le pregunté a donde iba y si podía acompañarla.
—¡No, Edy! Vengo a buscar a mi novio. Estoy saliendo con Andrés. ¿Te acuerdas de Andrés, el que fue tu sicólogo?
¡Mierda, remierda, carajo, recarajo, puta, reputa, la puta que me parió, la reputa que me parió, La mismísima puta, hija de puta, nieta de puta que lo parió a él, sicólogo de mierda.
¿Y porqué me enojo tanto?
Si yo no salgo con Erika, si fui yo el que la largó. Me molesta que me haya tomado para el churrete, eso es todo. Conociendo como conozco a Erika, se que Andrés perdió su virginidad en la primera salida con ella, alemana maldita. En este momento ella le estará diciendo lo mismo que me decía a mí, la reputa que la parió. En este momento ya le estará sacando los pantalones, como hacía conmigo, la putísima madre...
—Hola, Edy...
—Hola Jéssica. Justo estaba pensando en vos...
—Mirá, Andrés. La vamos a hacer corta. Mi hermana quiere que te vea porque me ve medio apático para comer y dice que hablo en sueños.
—Si eso es todo, creo que la deberíamos tratar a ella también. Les puedo hacer un precio por los dos, pero jajaja si traes a tu tío no les cobro nada, jajajajaja. Hasta soy capaz de pagarte yo, unos buenos pesos jajajajaja...
—Eres un maldito, Andrés, pero veo que no te miras al espejo nunca. ¿Ya debutaste sexualmente? O te rendiste y ahora sos un putillo de diploma y todo...
Me miró serio y puso la cara de “dar pena” que usa Nicolás Cage. La verdad es que le sale bién, pero yo que lo conozco, no me dejo engañar.
—Edy, a vos no te puedo mentir. Tengo 35 años y aún no me he acostado con ninguna mujer. Soy un hombre virgen, aunque no quisiera serlo...pero es mi destino...
—¿Entonces eres homosexual, la reputa que te parió?
—No lo creo. Me atraen demasiado las mujeres. Solo que no se me dá. ¿Qué puedo hacer?
—Escuchame, pelafustán. Yo soy el paciente y el que garpa, pero vos me pedís ayuda a mí. El sicólogo sos vos, no yo.
Andrés miró la hora en su reloj. Se veía algo nervioso, pero me quedaban veinte minutos ...
—Edy, dejame actualizar tu ficha y recordar algo de lo anterior tuyo. Comenzaremos el próximo Lunes y después vendrás también los Jueves. Andate ahora y portate bién. Saludos a tu hermanita Rita.
Me acompañó rapidito a la puerta y llamó al ascensor.
—Te espero el Lunes. No falles.
Me extrañó un poco el apuro en despedirme, pero no le dí mayor importancia. Mientras bajaba en el ascensor pensaba en como ayudarlo a conocer a una buena chica. Cuando llegué a la Planta Baja, estaban varias personas esperando para subir. Entre ellas había una figura conocida y muy querida. —!Erika! . Abrió los ojos grandes cuando me vió y se ruborizó: —¡Edy!
La besé en la mejilla y le pregunté a donde iba y si podía acompañarla.
—¡No, Edy! Vengo a buscar a mi novio. Estoy saliendo con Andrés. ¿Te acuerdas de Andrés, el que fue tu sicólogo?
¡Mierda, remierda, carajo, recarajo, puta, reputa, la puta que me parió, la reputa que me parió, La mismísima puta, hija de puta, nieta de puta que lo parió a él, sicólogo de mierda.
¿Y porqué me enojo tanto?
Si yo no salgo con Erika, si fui yo el que la largó. Me molesta que me haya tomado para el churrete, eso es todo. Conociendo como conozco a Erika, se que Andrés perdió su virginidad en la primera salida con ella, alemana maldita. En este momento ella le estará diciendo lo mismo que me decía a mí, la reputa que la parió. En este momento ya le estará sacando los pantalones, como hacía conmigo, la putísima madre...
—Hola, Edy...
—Hola Jéssica. Justo estaba pensando en vos...
domingo, 31 de octubre de 2010
Pobre mi sicólogo
Pobre mi sicólogo
Después de muchas vueltas, decidí visitar a mi sicólogo. En realidad yo no creo que lo necesite, pero ante la insistencia de mi hermana y sus indirectas (lavó y planchó la camisa de fuerza que me pusieron una vez, pero antes la tuvo tendida al sol durante horas, lo que motivó que vinieran de visita todos los vecinos curiosos). Me rendí y le pedí hora de consulta a Andrés, un sicólogo que ya me atendió un tiempo y no llegamos a nada.
—¡Edy! ¡Amigo de mi alma! (siempre se hace el amistoso) ¿Qué te trae por acá? ¿Qué te duele? ¿El alma o el corazón? ¿O es que tu mente se rebeló contra la cordura? Jajaja
—¡Sos un reverendo hijo de puta, Andrés! (siempre lo trato confianzudamente) ¡Si no fuera por los locos, te cagarías de hambre!
—Por favor, Edy...Nada de indirectas...
Lo miré bién al boludo. Estaba más flaco. Él cree que se parece a Nicholas Cage y hace poses, quedándose pensativo y levanta las cejas, haciendo grandes pausas al hablar, lo que me saca de quicio y me deja histérico. Todo lo que le diga le resbala. Le puedo insultar a la madre y se sonríe. Lo insulto a él y se ríe a carcajadas. No sé como hacerlo enojar. Hace años me oriné en su diván, al que su madre cambiaba de funda todos los días y desde entonces le mandó hacer una funda de cuerina impermeable. Siempre se recuerda de ese episodio y me hace la consabida pregunta:
—¿Tienes puesto el pañal, Edgardito?
Seguramente me salen chispas de los ojos, porque se ríe a más no poder.
—¡Bueno! —le digo —Dame un horario semanal de visita, pero te advierto que vengo nada más que por complacer a mi hermana...
—Si te sientes bien, ya tenemos ganada la mitad de la pelea. Un poquito de cooperación de tu parte y quedarás como nuevo.
Me da pena este chabón. Es mucho más inseguro que yo y le tiene terror a las mujeres. No es que no le gusten, sino que es demasiado tímido y vergonzoso. Claro, no es argentino. Es peruano y se recibió acá en la Argentina y se quedó para no volver al Perú donde lo esperaban una madre castradora y una novia impuesta por su familia que lo único que la diferenciaba de una morsa era que la morsa no tiene tanto bigote. Esto me lo confesó en una borrachera que tuvimos en una casa alegre, de chicas alegres, donde lo llevé para que conociera a una mujer, cosa que no logró, por un problema de erección.
Al igual que yo, es socio del Club del barrio, donde fue objeto de una persecución implacable por parte de varias madres que lo querían enganchar con sus hijas. Ser sicólogo en la Argentina es ser un buen partido, o al menos era, ya que actualmente, la mayoría de los choferes de taxis, son sicólogos fracasados. Su enorme timidez lo alejó del Club y se dedicó nada más que a su trabajo, y a viajar a los Simposios más extravagantes. Tiene certificados y diplomas en todas las paredes de su consultorio. No sé si es un buen o mal sicólogo, pero aquí estoy.
—continuará...
Después de muchas vueltas, decidí visitar a mi sicólogo. En realidad yo no creo que lo necesite, pero ante la insistencia de mi hermana y sus indirectas (lavó y planchó la camisa de fuerza que me pusieron una vez, pero antes la tuvo tendida al sol durante horas, lo que motivó que vinieran de visita todos los vecinos curiosos). Me rendí y le pedí hora de consulta a Andrés, un sicólogo que ya me atendió un tiempo y no llegamos a nada.
—¡Edy! ¡Amigo de mi alma! (siempre se hace el amistoso) ¿Qué te trae por acá? ¿Qué te duele? ¿El alma o el corazón? ¿O es que tu mente se rebeló contra la cordura? Jajaja
—¡Sos un reverendo hijo de puta, Andrés! (siempre lo trato confianzudamente) ¡Si no fuera por los locos, te cagarías de hambre!
—Por favor, Edy...Nada de indirectas...
Lo miré bién al boludo. Estaba más flaco. Él cree que se parece a Nicholas Cage y hace poses, quedándose pensativo y levanta las cejas, haciendo grandes pausas al hablar, lo que me saca de quicio y me deja histérico. Todo lo que le diga le resbala. Le puedo insultar a la madre y se sonríe. Lo insulto a él y se ríe a carcajadas. No sé como hacerlo enojar. Hace años me oriné en su diván, al que su madre cambiaba de funda todos los días y desde entonces le mandó hacer una funda de cuerina impermeable. Siempre se recuerda de ese episodio y me hace la consabida pregunta:
—¿Tienes puesto el pañal, Edgardito?
Seguramente me salen chispas de los ojos, porque se ríe a más no poder.
—¡Bueno! —le digo —Dame un horario semanal de visita, pero te advierto que vengo nada más que por complacer a mi hermana...
—Si te sientes bien, ya tenemos ganada la mitad de la pelea. Un poquito de cooperación de tu parte y quedarás como nuevo.
Me da pena este chabón. Es mucho más inseguro que yo y le tiene terror a las mujeres. No es que no le gusten, sino que es demasiado tímido y vergonzoso. Claro, no es argentino. Es peruano y se recibió acá en la Argentina y se quedó para no volver al Perú donde lo esperaban una madre castradora y una novia impuesta por su familia que lo único que la diferenciaba de una morsa era que la morsa no tiene tanto bigote. Esto me lo confesó en una borrachera que tuvimos en una casa alegre, de chicas alegres, donde lo llevé para que conociera a una mujer, cosa que no logró, por un problema de erección.
Al igual que yo, es socio del Club del barrio, donde fue objeto de una persecución implacable por parte de varias madres que lo querían enganchar con sus hijas. Ser sicólogo en la Argentina es ser un buen partido, o al menos era, ya que actualmente, la mayoría de los choferes de taxis, son sicólogos fracasados. Su enorme timidez lo alejó del Club y se dedicó nada más que a su trabajo, y a viajar a los Simposios más extravagantes. Tiene certificados y diplomas en todas las paredes de su consultorio. No sé si es un buen o mal sicólogo, pero aquí estoy.
—continuará...
martes, 5 de octubre de 2010
Respuestas simples a preguntas complejas
Respuestas simples a preguntas complejas.
Perdonen la demora en contestar sus amables preguntas. Ahora lo hago y trato de responder las más urgentes.
¿En que se diferencia un abogado de un cuervo?
En que uno es rapaz, ladrón y traicionero, y si puede te saca los ojos, y el otro es un inocente pajarito negro.
¿Cómo podré saber si el abogado que tengo es bueno?
Coloque un gato sobre su escritorio, si el gato sale corriendo, ese abogado es un perro. En cambio, si el gato se lanza sobre el abogado, es porque es una rata
¿Cuál sería el mejor consejo que puedo dar a mis alumnos de la Facu?
Queridos alumnos, recuerden que cuando sean abogados, los casos a veces se ganan y a veces se pierden, pero siempre se cobran.
No se que me pasa. Me gustan todas las mujeres , menos la mía.
¡Bah! No te preocupes que a mí me pasa lo mismo, me gustan todas las mujeres menos la tuya.
No se que me pasa. Antes siempre me perseguían las mujeres…
Es debido a que dejaste de robar carteras…
Me siento tan mal que me quiero suicidar
Haz como yo. También me quería suicidar tomando 1000 aspirinas. Al tomar la segunda, ya me sentí mejor…
Me gustaría que cuando me muera, la gente, en mi velorio, me mire y diga: ¡Qué buen hombre era Zumm! ¡Buena persona y mejor amigo! ¿Y a vos?
A mí me gustaría que dijeran: ¡Mirá! ¡Se está moviendo!
¿Qué es peor, la ignorancia o el desinterés?
Ni lo sé, ni me importa.
¿Sabes cuál es la diferencia entre horrible y terrible?
Horrible es cuando estás en la playa con tu esposa y una ola se la lleva, y terrible es cuando otra ola te la devuelve.
¿Qué pasa si los Derechos Humanos son violados?
Los zurdos se salvan
Imagina que estás en un barco y que el barco se está hundiendo y que llega una manada de tiburones. Tienes una pistola con una bala, ¿Qué haces? El barco se hunde los tiburones se acercan, ¿Qué haces?
Fácil, dejas de imaginar eso.
—Te contaré que mi nene me preguntó: Mami, ¿Por qué mi papá tiene tan poco cabello? Y yo le contesté: Es que tu padre es muy inteligente. Y el niño me pregunta nuevamente: Y entonces, ¿Por qué tú tienes tanto cabello? —¿Qué le puedo responder?
—¡Ya cállate y come tu sopa!
¿Qué son puntos blancos en el jardín?
Hormiguitas haciendo la primera comunión.
Necesito escribir un cuentito infantil sobre un gatito. ¿Me puedes ayudar?
Un gato caminaba por un tejado maullando: ¡Miau, miau! En eso se le acerca otro gato repitiendo: ¡Guau, guau! Entonces, el primer gato le dice: Oye, ¿Por qué ladras si tú eres gato? Y el otro le contesta: ¿O sea que uno no puede aprender idiomas?
Te dejo otro para niños malos
-¡Mamá!,¡Mamá! ¿Los pollos maúllan? -No hijo. -Entonces el gato esta en el horno.
Qué es mejor, una pila o una mujer?
Una pila, porque al menos tiene un lado positivo.
¿Por qué creen que las mujeres mueven la cabeza cuando piensan?
Para que las dos neuronas que tienen hagan contacto.
¿Por qué a las mujeres no les gusta manejar de noche?
¡Porque las escobas no tienen luces!
Como se le llama a una mujer cuando pierde la inteligencia?
Viuda
Por ahora dejo estas respuestas más urgentes. Ruego a los que no he tenido tiempo de responder hoy, que me esperen que lo haré a la brevedad.
Perdonen la demora en contestar sus amables preguntas. Ahora lo hago y trato de responder las más urgentes.
¿En que se diferencia un abogado de un cuervo?
En que uno es rapaz, ladrón y traicionero, y si puede te saca los ojos, y el otro es un inocente pajarito negro.
¿Cómo podré saber si el abogado que tengo es bueno?
Coloque un gato sobre su escritorio, si el gato sale corriendo, ese abogado es un perro. En cambio, si el gato se lanza sobre el abogado, es porque es una rata
¿Cuál sería el mejor consejo que puedo dar a mis alumnos de la Facu?
Queridos alumnos, recuerden que cuando sean abogados, los casos a veces se ganan y a veces se pierden, pero siempre se cobran.
No se que me pasa. Me gustan todas las mujeres , menos la mía.
¡Bah! No te preocupes que a mí me pasa lo mismo, me gustan todas las mujeres menos la tuya.
No se que me pasa. Antes siempre me perseguían las mujeres…
Es debido a que dejaste de robar carteras…
Me siento tan mal que me quiero suicidar
Haz como yo. También me quería suicidar tomando 1000 aspirinas. Al tomar la segunda, ya me sentí mejor…
Me gustaría que cuando me muera, la gente, en mi velorio, me mire y diga: ¡Qué buen hombre era Zumm! ¡Buena persona y mejor amigo! ¿Y a vos?
A mí me gustaría que dijeran: ¡Mirá! ¡Se está moviendo!
¿Qué es peor, la ignorancia o el desinterés?
Ni lo sé, ni me importa.
¿Sabes cuál es la diferencia entre horrible y terrible?
Horrible es cuando estás en la playa con tu esposa y una ola se la lleva, y terrible es cuando otra ola te la devuelve.
¿Qué pasa si los Derechos Humanos son violados?
Los zurdos se salvan
Imagina que estás en un barco y que el barco se está hundiendo y que llega una manada de tiburones. Tienes una pistola con una bala, ¿Qué haces? El barco se hunde los tiburones se acercan, ¿Qué haces?
Fácil, dejas de imaginar eso.
—Te contaré que mi nene me preguntó: Mami, ¿Por qué mi papá tiene tan poco cabello? Y yo le contesté: Es que tu padre es muy inteligente. Y el niño me pregunta nuevamente: Y entonces, ¿Por qué tú tienes tanto cabello? —¿Qué le puedo responder?
—¡Ya cállate y come tu sopa!
¿Qué son puntos blancos en el jardín?
Hormiguitas haciendo la primera comunión.
Necesito escribir un cuentito infantil sobre un gatito. ¿Me puedes ayudar?
Un gato caminaba por un tejado maullando: ¡Miau, miau! En eso se le acerca otro gato repitiendo: ¡Guau, guau! Entonces, el primer gato le dice: Oye, ¿Por qué ladras si tú eres gato? Y el otro le contesta: ¿O sea que uno no puede aprender idiomas?
Te dejo otro para niños malos
-¡Mamá!,¡Mamá! ¿Los pollos maúllan? -No hijo. -Entonces el gato esta en el horno.
Qué es mejor, una pila o una mujer?
Una pila, porque al menos tiene un lado positivo.
¿Por qué creen que las mujeres mueven la cabeza cuando piensan?
Para que las dos neuronas que tienen hagan contacto.
¿Por qué a las mujeres no les gusta manejar de noche?
¡Porque las escobas no tienen luces!
Como se le llama a una mujer cuando pierde la inteligencia?
Viuda
Por ahora dejo estas respuestas más urgentes. Ruego a los que no he tenido tiempo de responder hoy, que me esperen que lo haré a la brevedad.
jueves, 6 de mayo de 2010
Siguiendo la tradición

Siguiendo la tradición.
Hace más de 20 años que vivo en Derqui e ignoraba que hubiera una bruja en la localidad. Pero una bruja… bruja, bruja. Me enteré ayer cuando un cólico renal me estaba matando. Me aplicaron una inyección endovenosa de Nero 40 y el médico que vino a verme, al ver que no calmaban los dolores me recetó Klosidol y me dejó un suero que goteaba lentamente a mi vena.
Los terribles dolores no atenuaron y doña Sofía, compadecida, me dijo que deberíamos ir a ver a la Lucita.
—¿Quién diablos es la Lucita? —le pregunté
—La Lucita es una sobrina lejana mía, hija de una de mis primas, que cura a los que no tenemos dinero para llamar a un médico y a los que ya no tienen esperanzas de curarse. Pero no hace visitas a domicilio. Deberemos ir a su casa
Llamó a un taxi (el chofer es otro sobrino de ella) y nos fuimos a la casa de la Lucita. Yo apenas podía con mi alma. Los dolores eran atroces y no podía evitar quejarme. A pesar de eso, reconocí enseguida el camino que pasa por detrás del cementerio y lleva al bosque donde dicen que aparecen espíritus de escritores y poetas, ya fallecidos. Lo conozco bien, pues lo he cruzado varias veces para ir al pueblo abandonado, siguiendo ideas peregrinas, azuzado por las grandes cantidades de buen whisky escocés, que bebía entonces. Incluso recuerdo y tengo bien presente las veces que hablé con Borges, con Shakespeare, con Neruda, con Gabriela Mistral, etc.
A veces pienso que solo fueron alucinaciones de mi cerebro atiborrado de alcohol y otras creo que todo eso ocurrió de verdad, porque lo tengo grabado en forma vívida en mi memoria.
La casa de la Lucita, mejor dicho el rancho donde vivía, estaba casi en la entrada del pueblo abandonado.
Me ayudó a bajar del auto, la buena de doña Sofía y me dijo que debería entrar solo a la casa. Ella me esperaría.
Ya estaba cayendo la tarde y negras sombras oscurecían la puerta del miserable rancho. No alcancé a golpear las manos para anunciarme, cuando la voz de una chiquilla me invitó a pasar. La puerta estaba entreabierta y empujándola suavemente entré en un pasillo largo y oscuro. La única luz que lo alumbraba era la que entraba por la puerta entornada.
Caminé apoyándome en las paredes del pasillo, sumergido en la oscuridad, hasta que mi mano derecha encontró un vacío. Parecía ser una entrada a una habitación. Había una puerta que mis manos torpes
notaron que era maciza y dura. A través de la puerta, la chiquilla me preguntó si yo venía solo.
—Sí, estoy sólo. Doña Sofía me espera en el taxi. Pero no veo nada, acá está muy oscuro.
—¡Quédese quieto y en silencio! Cuando yo abra la puerta, entre rápido.
Enseguida se escuchó el ruido característico de una cerradura que se destraba. Una, dos vueltas y luego un ruido de llaves y la chiquilla gritó:
—¡Te veo Satanás! ¡Vienes como un viejo enfermo, pero no me puedes engañar! Mi puerta tiene cuatro cerraduras y doble tranca. He tapado todos los agujeros con trapos de sotana de cura. He puesto tela de araña en los postigos y ahora tengo tapones de cera en los oídos para no oír lo que respondes a lo que te estoy diciendo. ¡Vete Satanás, vete!
Escuché el sonido de otra cerradura que se abría y la puerta se abrió y una mano helada cogió la mía y me hizo entrar de un tirón.
En el interior la oscuridad era absoluta. Tropecé con un bulto y la mujer me hizo sentar. Era una silla con asiento y respaldo de paja, tan comunes en el campo.
Me recorrió un escalofrío. ¿El dolor? Ya no me dolía nada. Me sentía un poco asustado, pero lo que más me molestaba era que podía estar haciendo el ridículo. Seguramente esto estaba todo preparado para engañar a la pobre gente inculta de los alrededores.
—¿No podría encender la luz? —le pregunté — Estoy un poco incómodo en la oscuridad.
—¡Yo vivo en la oscuridad! Y contra mi voluntad…— me dijo con un suspiro.
—Bueno, estoy aquí por recomendación de su tía, debido a que tengo un cólico renal y es muy doloroso…
—Ya lo sabía y aquí le tengo su remedio. ¡Bébalo de un trago!
Puso en mi mano una taza tibia (de latón, me imaginé porque estábamos completamente a oscuras). Apuré de un sorbo el líquido que contenía, de un sabor dulzón.
—Eso lo curará completamente. No tema —me dijo con su voz de niña
—Espero que así sea —le contesté, levantándome `para irme, pero me hizo sentar nuevamente.
—Debe quedarse sentado un momento. Hasta que le vengan los tres tiritones. Luego podrá irse…
Acostumbrado a entender la forma de hablar en el campo, comprendí que los tres tiritones, iban a ser tres estremecimientos o temblores del cuerpo. Estaba obligado a esperar y decidí aprovechar para entablar una conversación y sonsacarle algo interesante a la brujita, que me pudiera servir más adelante para escribir un cuento. Las ideas aparecen donde menos se esperan.
—¿Qué edad tiene, señorita? —le pregunté, tratando de dirigir mi voz hacia donde creí que estaba ella.
—¡Uff! Tengo muchos años. Creo que cerca de los 120 o algo más.
—¡Pero tiene una voz juvenil! No puedo creer que tenga tanta edad……
—Me quedan solamente cinco años para que venga mi sucesora y así continuar la tradición.
—¿Qué tradición es esa? —le pregunté confundido
—Es tradicional que en Derqui haya una curandera, méica o como quieran llamarnos. Yo vine aquí a los quince años.
Me mostré interesado y le seguí preguntando cosas de su vida. Lo que me contó una vez que hube ganado su confianza, con mi comprensión, interés y respeto, lo plasmé de la siguiente manera:
A los ocho años sus padres la hicieron abandonar el colegio. Ya sabía leer y le advirtieron que estaba predestinada a ayudar a la gente y debió irse a vivir un tiempo con su abuela y su bisabuela que aún vivía. Ellas le enseñaron todo respecto a las plantas, yuyos, hierbas y la naturaleza en general. Aprendió el poder de sanación de la hierbabuena, de la menta y de las miles de hierbas medicinales que existen. Supo como mezclarlas para curar las diferentes enfermedades, tanto del cuerpo como del alma. Aprendió a reverenciar al tilo por sus poderes tranquilizantes y al sauce por sus poderes calmantes del dolor de cabeza. Supo combinar las diversas hierbas para hacer el bien y también aprendió a mezclarlas para hacer el mal, aunque esto no lo hacía jamás. Aprendió a mantener a Satanás lejos de ella, para no perder los poderes de curación que tenía.
Por eso vivía en la oscuridad. Mantenía cerradas las ventanas y tapaba meticulosamente todas las hendijas por donde pudiera filtrarse algún rayo de luz. En realidad me dijo que ella había dejado de ver la luz desde que llegó a reemplazar a la anterior curandera.
—Ninguna curandera debe ver a Satanás, porque se le acabarían los poderes. Por eso yo soy ciega…
—Pero si eres ciega, no necesitas vivir en la oscuridad. Aunque haya luz, no podrías ver a Satanás— le dije
—No quiero que venga por aquí y me devuelva la vista. No debo recuperarla antes de tiempo. En cinco años vendrá una sucesora para ocupar mi lugar y yo deberé arrancarle los ojos y colocarlos en mis cuencas vacías. Entonces volveré a ver y ya no podrá hacer nada contra mí. Luego, el día que me muera, me iré directamente al Cielo a disfrutar de mi merecido descanso, en compañía de los ángeles y serafines y a la derecha de Nuestro Señor.
En ese momento sentí un escalofrío que recorrió mi cuerpo como un rayo y luego otro y otro más.
Ya me podía ir. Eran los tres tiritones que esperábamos.
No quiso aceptar ningún pago, pero me dijo que se daría por bien pagada, si le mandaba con doña Sofía, su tía, unos cuantos metros de tocuyo para hacerse unas sábanas.
Ya no me dolía nada. Seguramente la poción que me hizo beber la Lucita, estaba haciendo su efecto.
Doña Sofía y el taxista me miraban anhelando que yo les contara algo, pero no le diré nada a nadie. No me creerían, así que mejor lo escribo como un cuento. Total, ustedes queridos lectores, viven en la ciudad e ignoran todo lo que ocurre en el campo. Pero si algún día necesitan una curación que los médicos no puedan sanar, vayan a mi LdV, y nos ponemos de acuerdo para que los acompañe donde la Lucita. Aunque Uds. no lo crean.
jueves, 29 de abril de 2010
El perdón
El perdón.
No podía dormir. El sueño se me había esfumado. Me levanté y salí al patio trasero de mi casa. Hacía calor y al fondo se escuchaba el murmullo de música y risas. Seguramente Soleli tenía alguna fiesta. Decidí ir a espiar, así que me acerqué al muro divisorio, pero no tenía ganas de treparlo y rasparme los codos como siempre, así que fui al cuartito de las herramientas y saqué la escalera que mi hermana usa para podar los frutales. ¡Bah, un naranjo y la morera!
Subí por la escalera y pude ver claramente el fondo de la casa de Soleil.
Efectivamente, había una docena de chicos y chicas bailando y tomando cerveza. Alcancé a reconocer a Erika y su hermano, a Jessica, a la hija del coreano y a varios otros que conocía del Club.
Me dieron ganas de bajar y estar con ellos, pero estaba vestido solo con el pijamas y en pantuflas. Me quedé apoyado en el muro, observándolos con envidia cuando Soleli me descubrió y me gritó:
—¡Vení, Edy! ¡Bajá! ¡Vení a bailar!
—¡No puedo! ¡Estoy en pijamas! —le contesté.
Entonces Erika agarró una escalera que el viejo López tiene apoyada en el otro extremo de la casa y la colocó en el muro frente a donde estaba yo. Subió por ella y se me quedó mirando. Su cara a diez centímetros de la mía.
—¿Porqué me andas esquivando, Mauri? —me preguntó.
Ella es la única que me llama Mauri, mi segundo nombre.
—¡Tú lo sabes mejor que yo! —le contesté sin rencor.
—Lo que pasa es que te olvidaste de nuestro trato. Habíamos quedado que saldríamos juntos, pero con total libertad, sin compromisos sentimentales. ¡Tú mismo me lo propusiste así!
—¡Sí, es verdad! Pero yo siempre creí que serías menos fría con tus sentimientos. Que llegado el momento del no va más me lo dirías, como yo lo hubiera hecho y no mostrarme los hechos consumados.
Se rió, mostrándome esa boca maravillosa llena de dientes, que algún día se los contaré, porque no pueden ser sólo 32.
—Jamás imaginé que ibas a ser tan celoso. Yo nunca te exigí fidelidad y bien sé que más de una vez me faltaste.
—Creo que me usaste como un objeto sexual. Me usaste bien y luego me arrojaste a la basura. Además creo qu....
No me dejó terminar de hablar. Subió un escalón más y me besó dulcemente, pared de por medio. Cerré los ojos, recordando esos versos de Benedetti (que tanto te gusta):
“Hacía mucho que no encontraba a esta mujer,
de la que conozco detalladamente el cuerpo
y creía conocer aproximadamente el alma”
Los muchachos, abajo, comenzaron a aplaudir y a silbar, festejando la reconciliación.
¿Logrará Erika hacerme olvidar mi desencanto? No lo sé. Solo sé que yo soy el dueño de mi destino, yo soy el capitán de mi alma.
Este es un capítulo de mi libro “Mi hermana y yo” .
Si desean pueden bajarlo gratuitamente poniendo el siguiente código en el Buscador:
http://www.hotshare.net/file/216323-377561138f.html
domingo, 25 de abril de 2010
Imaginación
Imaginación
¿Quién me ordenó quedarme en este pueblo perdido de Dios?
¡Ha de ser tan lindo embarcarse en una fragata!
Durante las noches de luna, los marineros nos reunimos sobre cubierta. Algunos tocan el acordeón, otros acarician una mujer de goma. Yo fumo mi pipa en compañía de un amigo.
El mar me ha endurecido las pupilas. He visto demasiados atardeceres.
¿Con qué puerto, con qué ciudad, no me he acostado alguna noche?
¿Las velas serán capaces de brindarme un horizonte nuevo?
Un día en que la calma ya sea una maldición, bajaré a mi cucheta, me desanudaré el pañuelo de seda y me ahorcaré con una trenza de mujer.
Basado en Girondo.
¿Quién me ordenó quedarme en este pueblo perdido de Dios?
¡Ha de ser tan lindo embarcarse en una fragata!
Durante las noches de luna, los marineros nos reunimos sobre cubierta. Algunos tocan el acordeón, otros acarician una mujer de goma. Yo fumo mi pipa en compañía de un amigo.
El mar me ha endurecido las pupilas. He visto demasiados atardeceres.
¿Con qué puerto, con qué ciudad, no me he acostado alguna noche?
¿Las velas serán capaces de brindarme un horizonte nuevo?
Un día en que la calma ya sea una maldición, bajaré a mi cucheta, me desanudaré el pañuelo de seda y me ahorcaré con una trenza de mujer.
Basado en Girondo.
martes, 27 de octubre de 2009
El hijo de mi vecino 3

El hijo de mi vecino 3
Ayer lo conocí. Se presentó muy formalmente a las 7 de la mañana cuando yo estaba en el segundo sueño.
—Soy Piero Braguettini, el hijo de su vecino. Mucho gusto signore Edy.
Yo tenía ganas de acogotarlo. No se puede despertar a una persona a las 7 de la mañana. Ya empezó mal este chabón.
Sin embargo, mi natural bonhomía me hizo sonreírle y estrecharle la mano con naturalidad.
—El gusto es todo suyo —mascullé, y parece que no me entendió, porque me mostró una sonrisa de 76 dientes por lo menos.
—Vengo a agradecerle todo lo que ha hecho por mi padre, porque vecinos como usted ya no quedan — me dijo zalamero.
Tenía ganas de darle una puñalada en el pescuezo pero la oportuna intervención de doña Sofía lo salvó. Además ¿qué cosa me agradecía?
Lo único que me ha pedido el viejo en su vida, ha sido que lo ayude a matar un chancho y yo me negué muy cortésmente y le hice permutar el maldito chancho por cuatro corderos gordos que ya nos mandamos entre pecho y espalda.
—Pierito, te voy a preparar unos ricos mates, para que tomes con Edy, mientras nos cuentas de tu vida — le dijo la vieja.
|Carajo! Iba a tener que compartir la bombilla con el tano éste, que quizás dónde ha metido la boca o qué se ha metido en ella…
—¡Gracias, Sofía, pero hoy tengo ganas de tomar café con leche!— le dije
—Yo no voy a perdonar esos mates, que me ha dicho papi que usted los hace riquísimos. Y también me dijo que hace usted unas tortas fritas de locura.
¡Ahh, nó! ¡Eso si que nó! Doña Sofía me las hace solamente para mí. ¿Qué se cree este pendejo atrevido?
Doña Sofía estaba chocha con las adulaciones del maldito tano. No alcancé a hablar con ella para prevenirla de las posibles intenciones
del Pierito y la puta que lo parió. Seguro que vino a la Argentina para hacerlo vender al viejo alguno de los campos que tiene.
En realidad no sé porque me enojo, ya que es el único hijo del viejo y cuando pare la pata, todo va a quedar para él. Pero me indigna que venga con mentiras, a hacerse el héroe, para ganarse la idolatría de su padre.
—Contame, Piero, de tu trabajo que me ha dicho tu padre que es muy interesante y de mucha responsabilidad.
—¡No, no! Papi exagera todo lo que yo le digo. Es cierto que trabajo en la ONU, pero solo soy el traductor del Cuarto Secretario y part-time. O sea que cuando se enferma el traductor oficial de Cuarto secretario, yo lo reemplazo. A veces el traductor oficial, que es un viejo choto, se enferma de gravedad y yo lo reemplazo por varios días, pero, si sale un viaje, el maldito vejete se mejora enseguida y viaja él. ¡Claro! Si va con todo pago y con unos viáticos enormes…
—¡Qué hijo de puta! —no pude menos que decirle
—¡Sí! Es un mascalzone affeminato. Es un trafurello.
Yo no entiendo un corno de italiano, pero no pude menos que reírme al ver al Piero tan enojado.
Doña Sofía lo atiborró de tortas fritas y cuando yo quise manotear una, me dio una palmada en la mano aduciendo que yo no podía comerlas, porque estaba muy gordo.
—Contame, Piero, del Muro de Berlín. Tengo mucha curiosidad en conocer la historia de primera mano.
—No tengo ni idea, signore Edy. Cuando llegué a Europa ya lo habían derribado y yo era muy joven para andarme preocupando por esas cosas. No me interesaban.
—¿Y qué cosas te interesan en la vida?
Miró a doña Sofía que se hacía la distraída, pero yo sabía que estaba con las antenas paradas, tratando de escuchar todo. Piero se inclinó hacia mí y me dijo en un susurro: —¡las mujeres, me interesan, por sobre todas las cosas!
Este Piero es de los míos. No cabe duda. Y yo que sospechaba que era un malandrín, que quería esquilmar al padre. Me arrepiento de haber pensado mal de este muchacho tan simpático
Esta noche con la excusa de visitar el Bosque de los Escritores lo llevaré a lo de Paloma, para que conozca la mercadería mujeril del pueblo. Según muchas estadísticas serias, las mujeres más bonitas de la Argentina, viven en Derqui y también dicen que Paloma… ¡Buehh! ¡Ya lo verá!
domingo, 25 de octubre de 2009
El hijo de mi vecino 2

El hijo de mi vecino.
Yo quería saber todo lo referente al Muro de Berlín y su caída. No iba a permitir que un tanito estafador, por muy hijo de don Aramís que fuera, viniera a fanfarronear creyendo que los argentinos que vivimos en el campo somos estúpidos. Por más que busqué, rebusqué y consulté en Internet, no pude encontrar el nombre del hijo de mi vecino. Tampoco figura en Facebook. Para Internet, Piero Braguettini no existe.
No entiendo como pudo influir este tipejo, por más que en ese tiempo fuera un alto funcionario de la ONU.
Hice un resumen de la historia, de la tenebrosas historia del Muro de Berlín y aunque es un poquito larga es muy interesante y ya sabemos que el saber no ocupa lugar.
Hace ahora 48 años, el 13 de agosto de 1961, las autoridades soviéticas y de Alemania Oriental decidieron aislar la parte oriental de Berlín para detener el éxodo de ciudadanos hacia Occidente y ordenaron la colocación de las primeras alambradas. La construcción del muro comenzó unos días después, el 18 de agosto. Para entonces, muchos habían huido ya, y muchos otros siguieron intentándolo a pesar de la mole de hormigón. Alrededor de 250 personas pagaron con la vida su "osadía" de pasar "al otro lado". Para Occidente era el «muro de la vergüenza». Para el Este, su barrera contra el fascismo.
Su caída el 9 de noviembre de 1989, 28 años después de su construcción, fue el comienzo del fin de los regímenes comunistas en Europa Oriental.
Calculando que el hijo de mi vecino tiene ahora 40 pirulos, nació más o menos en 1969, o sea que cuando cayó el Muro, era un pendex de 20 años.
Mal podía haber sido un alto funcionario de la ONU. O sea que engañó a su padre o ahora el maldito viejo me quiere engañar a mí.í.
Pero el muro de Berlín no cayó en un día ni en un otoño, como escribía Gorvachov en su libro «Cómo fue. La reunificación alemana». Y es que el empeño de los berlineses en recuperar su libertad hizo posible que el Telón de Acero que había dividido en dos al mundo pasase a formar parte del pasado.
Objetivo: Occidente
El deseo de libertad fue para muchos más grande que la altura del muro. 75.000 personas fueron arrestadas por intentar escapar, 200 resultaron heridas de bala y cerca de 250 fueron asesinadas. Además, miles de ciudadanos fueron juzgados por ayudar a otros en su huida.
El primero en formar parte de la lista negra fue Günther Liltin, de 24 años, que fue abatido a tiros cuando trataba de cruzar nadando el río Spree.
Sin embargo, muchos sí lo consiguieron. Más de 40.000 personas lograron escapar. En los últimos años la cifra se disparó. En el verano de 1989 se produjo el mayor éxodo de alemanes orientales hacia la República Federal desde la construcción del muro. Muchos huían aprovechando las vacaciones estivales. Desde Hungría, vía Austria, lograban salir.
El vopo (policía de fronteras) Conrad Schumann, de 19 años, considerado un soldado leal al régimen comunista, fue uno de los primeros en huir a las pocas horas de que se levantara el muro.
Quince vopos murieron durante estos 28 años. Uno de ellos fue asesinado por los soldados occidentales que evitaron así la muerte de un joven de 15 años que intentaba huir.
Los berlineses agudizaron su ingenio para intentar escapar: un hombre cruzó el mar Báltico con un minisubmarino y consiguió llegar a Dinamarca; un vehículo Isseta fue empleado 18 veces para transportar a fugitivos, que se escondían en el hueco de la calefacción y en la batería; un coche consiguió pasar por debajo de la barra fronteriza gracias a su pequeño tamaño; una familia utilizó un cable tendido sobre el muro por el que se deslizaron y otros huyeron con un globo aerostático.
Una cadena de televisión norteamericana financió a cambio de la exclusiva la espectacular fuga de 29 personas bajo tierra.
Otros tuvieron menos suerte. Las imágenes del joven Peter Fechter agonizando tras ser alcanzado por los disparos de la policía impresionaron al mundo occidental.
Otro caso significativo fue el de Klaus Brüske, que herido por una bala, aguantó al volante de su furgoneta hasta llegar al otro lado del Muro para poder salvar a sus compañeros.
La última víctima fue Chris Geoffrey, que murió nueve meses antes del derribo.
Los berlineses que consiguieron llegar a la RFA tuvieron una muy buena acogida por parte de sus paisanos occidentales y el Gobierno les dio todo tipo de facilidades. Los medios de comunicación también contribuyeron creando un clima favorable a la integración.
Familias separadas
El Muro de Berlín dividió también el corazón de cientos de familias y amigos que vieron cómo una mole de hormigón les separaba de sus seres queridos.
Alemania hoy
Alemania es desde hace más de una década un país política y económicamente unido pero en algunos aspectos el Muro sigue dividiendo a los alemanes.
«Pensaba que la integración del este con el oeste llevaría una década, pero ahora creo que harán falta 40 años», declaraba a la NBC Edmund Stoiber, jefe de Gobierno de Baviera, durante la celebración del décimo aniversario de la caída del Muro.
La llegada de mano de obra joven y cualificada procedente de Berlín Oriental fue una buena noticia para empresarios y Gobierno, a pesar de los dos millones de desempleados que había en la República Federal en 1989. Un alto porcentaje de los nuevos contratos que se hicieron, sobre todo en los primeros años, han sido para los berlineses orientales, lo que ha provocado malestar en un segmento de la población, que acusa a sus paisanos de robarles sus empleos. Además, las empresas no tienen más incentivos fiscales desde que desapareció la frontera y algunas se han ido a otra parte.
Alemania sigue siendo la primera potencia europea y la que más contribuye a las arcas de la UE, pero la última cifra oficial de desempleados roza los 3,5 millones y no deja de aumentar. Según un informe del Gobierno presentado en abril de 2001, Alemania no ha logrado repartir bien su riqueza y las desigualdades sociales han aumentado de manera notable en los últimos 20 años. La brecha entre ricos y pobres se ha incrementado al tiempo que se evidencia la diferencia de rentas entre el este y el oeste.
Algunos germano occidentales se quejan también de la subida de impuestos propiciada por la reunificación.
Por su parte, los berlineses del este se han tenido que acostumbrar al paro, un problema que no tenían con los comunistas. Y tampoco ha sido fácil adaptarse a la economía de mercado.
Otras heridas continúan abiertas. Los poscomunistas alemanes, herederos del Partido del Socialismo Unificado (SED), favorable a la separación de las dos Alemanias, admiten que el muro no fue una solución, pero no han llegado a pedir perdón a las víctimas de manera colectiva.
Todavía no he hablado al respecto con doña Sofía, porque no quiero que sufra , pero deberé decirle la verdad respecto a Piero. Y luego a don Aramís.
Aunque pensándolo bien, ¿Qué me tengo que meter en la vida ajena? Solamente lo haré si este tanito pretende engañarme.
continuará
miércoles, 21 de octubre de 2009
El hijo de mi vecino

El hijo de mi vecino
Ya les he contado que mi ama de llaves, doña Sofía, anda noviando con mi vecino don Aramís, naturalmente se supone que yo no se nada. Ella debe tener uno 80 años y el viejo más o menos lo mismo.
Anoche doña Sofía me contó que el viejo anda super contento porque el hijo le avisó que lo visitaría. No lo ve, desde hace más de 20 años, ya que vive en Europa Me dice también que el muchacho es un importante funcionario en la ONU y es reconocido mundialmente por sus grandes logros.
Me da un poco de envidia y doña Sofía que me conoce bien, se da cuenta enseguida de lo que me pasa. Me abraza contra su pecho y me da unas palmaditas en la espalda. Mientras me aprieta contra sí, siento el aroma del pan casero, de la yerba mate, de la hierbabuena, del perejil, de las mil flores que ella cultiva en el jardín. Es el olor de las cosas simples que amo y que no cambiaría, ahora, por nada del mundo.
Debo dejar mi pasado atrás, en el baúl de los recuerdos. Lo que fue, ya fue y lo que no fue, ya no lo será jamás.
Me alegro por don Aramís y le digo a doña Sofía que puede disponer de todo el tiempo que quiera, si es que el viejo la necesita para atender a su hijo.
—Pensaba llevarle un par de botellas de buen vino o algún licor—me dice la vieja, mirándome con los ojos pícaros entrecerrados. Sabe que no puedo negarle nada y estoy seguro que ya las llevó. Y además sabe que yo sé.
Como corresponde a un buen vecino, por lo menos acá en al campo, me voy a la casa de don Aramís y lo felicito por la visita que va a tener. Debe ser una alegría total volver a ver a un hijo, después de tanto tiempo.
—Tengo il cuore alborotao—me dice don Aramís— Que mi hijo venga desde Ginebra a visitar a su padre que vive enterrado en este pueblo, en medio del campo. No hallo las horas que sea el lunes, para poder abrazarlo…
—¿Y porqué dejaron pasar tanto tiempo, sin verse? —le pregunté
—Mi hijo por su trabajo, es un hombre muy ocupado. La ONU lo manda de acá para allá. Que en Oriente está por comenzar una guerra, que la India y Pakistán, que los afganos, que los talibanes, etc. Mi pobre hijo se tiene que multiplicar por cuatro para poder atender los innumerables casos que la vida actual presenta y que él debe resolver. ¡Cómo si le pagaran tanto!
—¡Pero su hijo debe ganar una fortuna en el cargo que ocupa!
—Así es. Pero no le alcanza para nada. Porque mi hijo…(Acá don Aramís se tocó el corazón con ambas manos y con los ojos en blanco, continuó) mi hijo tiene un gran corazón y la mayor parte de sus emulo...emolumentos los dona para buenas causas humanitarias en el mundo. Con decirle que varias veces he tenido que mandarle un giro, para que pueda llegar a fin de mes.
—¿Acaso su hijo no sabe que la caridad empieza por casa?
Don Aramís me miró furioso. —¡Ya sabía yo que usted era un hombre raro! Pero lo que no sabía es que carece de corazón y sensibilidad. Mi pobre hijo gastó su fortuna (que la tuvo) en el asunto del Muro de Berlín. Por suerte siempre contó con su padre, modestia aparte, que lo apoyó en todo momento. En parte, gracias a él e indirectamente gracias a mí, los alemanes del Este son libres.
Casi me caí de espaldas al escuchar esto. Me despedí de don Aramís y volví rapidito a casa para entrar en Internet y enterarme de todo el asunto de la caída del Muro. La verdad es que no creía nada de lo que el pobre viejo aseguraba y lo que sí tengo certeza, es que el hijo de don Aramís debe ser un chantapufi, sinvergüenza y a lo único que viene a Derqui, es para esquilmar a su padre.
Lo conversaré con doña Sofía, que aunque viejita, tiene la mente lúcida.
continuará
viernes, 16 de octubre de 2009
!Qué cosa! ¿Nó?

¡Qué cosa!...¿No?
Estaba subido al tejado y le pedí a mi nieto que me alcanzara una maza.
—¿Una qué?
—Una maza. Es eso que está a tu lado, junto a tu pie derecho…
—¡Ah! ¡La cosa ésta! Ya te la paso
—Gracias. Ahora por favor alcánzame dos tirafondos
—¿Lo qué?
—Son para fijar las maderas.
—¡Ah! !Los cosos estos! Ya te los doy
—¡Gracias!
—¿No querés que te alcance el coso este para atornillar los otros cosos?
—¡Bueno! Pasámelo…Necesito algo para hacer peso y no golpear en el aire…
—¿Querés que te pase la cosa esta?
—¡Buena idea! Pasámela
—Tendrías que poner alguna cosa para arrodillarte o te van a quedar las rodillas llenas de cosas…
—Tenés razón. Decile a la abuela que te de algo para arrodillarme
—¡ABUELA! ¡El abuelo necesita alguna cosa para arrodillarse!
—Decile que se vaya al carajo…¿Porqué no contrató a un techista que sepa trabajar? ¿Qué tiene que andar encaramado sobre el tejado con los años que tiene? Además es seguro que con la primera lluvia, nos va a llover más adentro que afuera.
—¿Escuchaste, abuelo, las cosas que dijo la abuela?
—Soy viejo, pero no sordo. Decile a tu abuela que con el laburo que estoy haciendo, se va a ahorrar un montón de guita, para que se vaya a la peluquería a teñirse las lanas, de celeste, como le gusta a ella y si quiere puede ir a la pedicura a cortarse las pezuñas…!Ma fangulo!
—¡Abuelo! ¿Porqué usas esas palabras? El idioma castellano es muy rico en expresiones idiomáticas…
¡Plop!
lunes, 28 de septiembre de 2009
El arcangel Gabriel no aparece en los lugares que solía frecuentar

El arcángel Gabriel no aparece en los lugares que solía frecuentar.
Me puse el chumbo en la cintura, la cuchilla que me regaló Elidaros en el bolsillo trasero y en mi mano derecha llevaba un bate de béisbol de madera super dura y llamé a un taxi.
—Llevame al parque Lezama…!Rápido!
El tachero tenía una cara de amargado, como si alguien estuviera apretándole los huevos.
—¿Qué le pasa, amigo?— no pude evitar preguntarle…
—Es que recién terminó el partido, y los brasileños nos ganaron por goleada. ¡Estoy re triste, la puta que los parió!
—¡Yo estoy igual! Por eso voy a buscar a un amigo para reventarlo a garrotazos por falluto!
—¿Acaso se burló de usted? Porque en ese caso lo acompañaré para darle unos golpes yo también.
—No hace falta. Con los que yo le daré, va a tener para guardar, convidar, etc. Lo voy a dejar mormoso.
—¡Qué suerte! Digo que suerte que tiene usted de tener a alguien con quien desquitarse. Yo quise darle unos gritos a mi mujer, para desahogarme y me pegó con la sartén de las milanesas. Tuve que salir corriendo porque ella también estaba furiosa. Si lo llega a agarrar al Diego, el pobre gordo no sale indemne.
Me pareció un taxista fuera de lo común por el léxico que usaba. Por lo menos se notaba que tenía cierta educación. Así se lo dije.
—En realidad soy escritor. Manejo un taxi para vivir la vida real y obtener alguna idea para mis cuentos. Escribo mucho en Internet, en un sitio que se llama La página de los cuentos…
Me quedé muzzarela y no le dije nada que yo también tenía veleidades de escritor. A ver si todavía resultaba ser un enemigo que tenía antes y me hubiera visto obligado a garrotearlo un poco. Pero no podía ser, porque mi enemigo escribía muy pero muy mal.
Llegamos al Parque Lezama y me bajé en la puerta del Bar “El limbo”, donde mi ángel de la guarda, el arcángel Gabriel suele parar. Siempre está rodeado de mujerzuela, tomando moscato, que es su bebida favorita.
No estaba y según me dijo el barman, estuvo un rato antes, mirando el partido por la TV, pero se fue antes que empezara el segundo tiempo.
El muy guacho se dio cuenta de la que se venía, por el baile que nos estaba dando Brasil y se fue, ya que estuvo fanfarroneando toda la semana que Argentina iba a ganar, gracias a su ayuda, por intermedio de sus conexiones celestiales. Esos dichos le sirvieron para conseguir algunas copas gratis.
Vuelvo a tomar el taxi que me estaba esperando y enfilamos hacia Constitución. En Garay y Combate de los Pozos hay un piringundín donde trabajan varias chicas de la noche. A Gabriel le encanta pasar por ahí. El taxista bajó conmigo. En cuanto abrimos la puerta, se nos abalanzaron como seis chicas muy pintarrajeadas ellas y con los dientes inversamente proporcionales a la edad, según dijo el tachero (a más edad, menos dientes…
—Gabiel está en la chichocho—dijo la madama a quien le contabilicé tres dientes, si es que podemos llamar diente a algo que le sobresalía sobre el labio. Después me enteré que es un escarbadientes que lleva siempre.
Pueden estar seguros los señores lectores que Gabriel recibió su merecido y estoy convencido que nunca más volverá a ofrecerse para hacer ganar a la Selección, (juegue o no, Riquelme).
Ahora tendremos que enfrentar a Perú, pero la verdad es que no sé a que Santo encomendarme.
Dios dirá. (y no me refiero a Maradona)
martes, 22 de septiembre de 2009
Abducción

Abducción
El sábado a la noche tuve una experiencia asombrosa. Venía caminando por la calle Brasil, cerca de la estación Constitución, cuando vi que se me acercaban dos mujeres muy sonrientes. Como conozco bien la zona, no me extrañó, ya que esa calle es famosa por las mujeres que la caminan. Mi tío les dice “trotonas” y mi tía las llama “prostiputas”. Yo no soy de los que segregan a la gente según su posición social en el mundo. No discrimino a nadie. Estas mujeres que practican la profesión más antigua del mundo, siempre esconden un drama, un dolor, una pena que las obliga a hacer lo que hacen. Me estoy refiriendo a las chicas de la zona que acabo de mencionar, que se venden por monedas, no a las otras de alto nivel que pululan por los hoteles “cinco estrellas” y que no abandonarían su profesión por nada en el mundo. Igual son prostitutas.
Decía que se me acercaron y me ofrecieron sus servicios, dos al precio de una, que yo rehusé cortésmente, aduciendo que me estaba esperando mi novia y que andaba muy corto de dinero.
—¡Para otra vez será!— les dije mirándolas con ojos golosos y depravados, o al menos así creí que me verían. Tampoco quería quedar como un marica o que pensaran que yo era medio mariposón.
El asunto es que seguí caminando por la calle Brasil, que en ese lugar es muy oscura por todos los árboles que hay en las veredas.
—Maldito Macri, que no hace podar estos árboles— refunfuñaba yo, puteando al intendente.
De pronto vi dos sombras que se abalanzaron sobre mí y me dieron un terrible mamporro en la cabeza. Mientras se me doblaban las rodillas y caía, alcancé a pensar que eran las dos trotonas que me asaltaban para sacarme los pocos pesos que tenía.
—¡Uy! El relós — me imaginé pensando que me robarían mi querido relós con la cara del ratón MIckey.
Desperté acostado en una especie de camilla de hospital, y con las muñecas atadas y las patas también.
A ambos lados de la camilla estaban dos figuras, vestidas con una especie de sotanas con capucha, que no me permitían verles las caras.
—Hombre— me llamó el más gordo. —Somos de otro planeta y queremos que nos contestes algunas preguntas
Yo estaba quietecito, aterrado y sobre todo porque me di cuenta que estaba totalmente desnudo. Tenía frío y también vergüenza porque justo hoy quería darle una sorpresa a mi novia y me había afeitado mis partes pudendas y parecía un pollo recién pelado.
¡Maldita la hora en que lo hice! Pero, claro, no me iba a imaginar que me iban a desnudar dos marcianos o lo que fueran. Además es mucho más higiénico andar así (según mi novia) que todo peludo con esos pelos duros, hirsutos, sin peinar. Recuerdo una vez que me peiné y me engominé con Glostora y al rato me agarró una picazón de la gran puta. Tenía los testículos más colorados que huevo de ciclista en verano.
Desde entonces nunca más, pero mi novia me insistió tanto…
El gordo sacó una especie de Mp4 con pantallita y todo, de donde leyó las preguntas que ya tenía preparadas.
—¡Qué es modestia?
—Modestia es reconocer que uno es perfecto, pero sin decírselo a nadie.
El gordo empezó a tipear la respuesta y ahí fue donde le ví los dedos. No se si eran seis o siete dedos y sin uñas y parecían pequeños penes.
—¿Qué es la diplomacia?
—La diplomacia, mi querido señor, es el arte de decir “lindo perrito”, “lindo perrito”, hasta encontrar una piedra para tirársela.
—Y el cerebro ¿qué es?
—Es un órgano que sirve para que pensemos que pensamos.
—¿Qué es cura?
—Es una persona a la que todo el mundo le llama Padre, con excepción de sus hijos que lo llaman tío.
Yo no quería mirar sus malditos dedos, pero la vista se me desviaba y casi no podía aguantar la risa. El que parecía ser el meñique se me hacía familiar. Me hacía recordar al mío. No por lo chiquito, sino por lo sonriente.
—Indiferencia, ¿Qué es?
—Indiferencia es la actitud que adopta una mujer hacia un hombre que no le interesa y que es interpretada por el hombre como “se está haciendo la difícil”
—Intelectual
—Intelectual es un individuo capaz de pensar por más de dos horas en algo que no sea sexo.
—¿Dolor de cabeza?
—Es el anticonceptivo más usado por la mujer de estos tiempos.
—Y ¿Qué es un héroe?
—Individuo que, a diferencia del resto, no pudo salir corriendo.
— ¿Gualén, qué es?
—Creo que es lengua en argentino…
—Y lengua ¿qué es?
—Es el órgano sexual que algunos degenerados usan para hablar.
Estuvieron como dos horas haciéndome preguntas y yo muerto de frío, atado a esa camilla. El más flaco sacó su mano asquerosa y me la puso en la frente. Solo recuerdo haber visto una gran luz azul. Otra vez desperté. Pero ya no estaba atado. Estaba desnudo en una especie de calabozo con rejas en ventanas y puerta.
Un hombre con uniforme se acercó y me pasó una frazada a través de las rejas.
—¿Ya despertaste? Mirá que andar desnudo, borracho, con el frío que hace.
Le empecé a contar mi experiencia con los extraterrestres, pero me hizo callar.
—Mirá, no te creo un carajo y si fuera verdad tendría que hacer un enorme informe con tu cuento. Así que mejor andate a tu casa y acostate a dormir la mona.
Seguro que nadie me va a creer que esto me sucedió, así que mejor se los presento a ustedes en forma de cuento.
Pero juro que es verdad…
viernes, 18 de septiembre de 2009
La quinta de Derqui 2

La quinta de Derqui 2
Todo fue inútil con la Compañía de electricidad y me vi obligado a contratar los servicios de un electricista.
Aquella primera carta fue precursora de muchas otras que nos anunciaban diversos inconvenientes. El deshollinador (todavía quedan en el partido de Pilar y sobretodo en Derqui) varios miembros de este antiguo oficio, ya en estado de extinción. Decía que el deshollinador exigía de nosotros, vía municipal, clausurar ciertos tiros de aire, hacer colocar nuevas puertecillas, etc. En fin mucho trabajo, muchas molestias y muchos más gastos.. Los inspectores municipales nos exigían que hiciéramos llevar toda la basura que el anterior propietario, había acumulado junto al cerco. La casa también tuvo que sufrir como consecuencia de tanta actividad. Un día aparecieron unos hombres armados de serruchos, hachas y escaleras y nos exigieron en nombre de la Compañía de Teléfonos el acceso a nuestro terreno para podar una serie de ramas de haya porque entorpecían el paso de la línea, aunque nosotros no hacíamos uso de la misma. Cuando nuestro noble propósito de arreglarlo todo por nuestras propias fuerzas, sin gastar nada, resultó condenado al fracaso, resolvimos tomar en cuenta nuestros propios deseos: hicimos venir a un carpintero y le encargamos un banco rústico y una verdadera y simpática mesa campesina. Luego hicimos arreglar los baños, compramos una estufa y una cocina a leña que tenía un depósito para calentar el agua.
Hicimos revisar el techo, el pararrayos y las canaletas. El asfalto de nuestra terraza estaba completamente resquebrajado. Lo hicimos quitar, fundir y colocar de nuevo. Esta tarea dio trabajo a media docena de recios vecinos
Como una torta atrae a las moscas, así reunimos en torno nuestro, enjambres de vidrieros, cerrajeros, albañiles y pintores. La casa se llenó de zumbidos. Cuando respondimos a todas las exigencias oficiales y privadas, la casa fue nuevamente tasada por la Dirección Impositiva y ¡lo que son las cosas!, su valor se había acrecentado notablemente y claro, el impuesto subió en relación.
Ya habíamos tocado fondo con nuestros ahorros y sobrevivíamos gracias a un oportuno préstamo que me hizo mi hermana, quien también vive en Derqui, pero en un hermoso departamento de un edificio de gran categoría.
Ella siempre me pronosticaba que mi matrimonio no iba a ser duradero, al casarme con una mujer tan joven y menos aún, viviendo en el campo.
El tiempo no le dió la razón. Fuimos felices y amamos nuestra casa y aunque para mantenerla en buenas condiciones, a veces tuvimos trabajar como enanos y hacer grandes sacrificios. Pero valió la pena.
Ahora que estoy viejo, mi mayor satisfacción es subir a la bohardilla y observar al panorama. Tengo en torno a la casa coposos árboles, setos y ni un solo techo que impida la visión ¡Un verdadero parque!. Solo allá abajo, junto al lago, en la otra orilla, comienza el mundo poblado, se yerguen las casas y edificios, allá se oyen las bocinas de los automóviles, anda gente, se agita el pulso de la vida, el trajín del mundo comercial, mientras yo estoy acá arriba, tan apaciblemente viviendo en la verde y libre madre naturaleza.
¡Maravilloso!
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